Decía Cicerón “ut sementem feceris ita metes“, es decir, “aquello que siembres, recogerás“. Algunos se sienten satisfechos con un “pelotazo” profesional, un expediente disfrazado o una inyección artificial de seguidores en Twitter. Uno puede pintar un cubo de Rubik con pinturas y auto-engañarse sintiendo que ya lo ha conseguido, e incluso presumir ante los demás de ello y quedarse tan contento, pero la vida le seguirá poniendo delante otros retos que no será capaz de resolver si no ha descifrado el cubo de Rubik por sí mismo, sin trampas.

Lo mismo pasa con el crecimiento personal, que a menudo nos sentimos aliviados por haber encontrado por fin la “receta mágica” que solucione todos nuestros “males”. Si se tratase de llegar a un determinado resultado y ya está, no lo llamaríamos crecimiento personal sino “perfección personal”. Pero la palabra “crecimiento” es muy acertada, porque no se trata tanto de llegar a determinado punto, sino de estar constantemente revisándonos para mejorar cada día.

La-vida-te-pone-pruebas

Más valdrá, por tanto, que tardes dos años en aprender a resolver el cubo de Rubik, por lento que le parezcas al mundo y por mal que te sientas durante esos dos años por no sentirte capaz, que haberlo hecho muy rápido desde el principio sin haber aprendido todas las demás cosas que te supondrán los dos años de entrenamiento hasta conseguirlo. ¡No vales sólo por lo que consigues, sino también y sobre todo por los sueños que tienes, la voluntad que pones, y la perseverancia con que luchas!

Para que nuestros cambios sean sostenibles en el tiempo, deben comenzar con un cambio de dentro, donde no importan tanto los resultados, ni las trampas que puedan hacernos parecer una cosa o la otra. Lo realmente importante no es tanto conseguir determinado resultado (algo que busca el ego) sino adquirir habilidades, mejorar nuestra actitud, desarrollar cada vez más recursos internos…

Para ser una persona de éxito, una persona creadora de abundancia personal y profesional, no serán las trampas las que te salven, ni mucho menos las que te hagan sentir feliz y pleno, sino el trabajo constante, la fuerza de voluntad, la autenticidad y la honestidad contigo mismo y el mundo.